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Presente y futuro de la economía colaborativa en Ecuador

Presente y futuro de la economía colaborativa en Ecuador

Producto de la integración de herramientas digitales que facilitan, cada vez en mayor medida, la satisfacción de nuestras necesidades del día a día, el mundo y los modelos tradicionales de interacción social, se encuentran en constante y acelerada evolución.

La gig economy, también llamada “economía colaborativa” o “consumo colaborativo”, corresponde a un fenómeno que aglomera varios tipos de actividades económicas en las cuales las personas obtienen ingresos proporcionando servicios o bienes bajo pedido, a menudo, a través de una plataforma digital, una aplicación, o un sitio web.

El trabajo autónomo y la generación de ingresos por fuente propia, o las fuentes alternativas de ingresos (es decir realizar actividades económicas de manera independiente), son tan antiguas como el trabajo mismo. Por ello, el gran aporte del desarrollo digital en las actividades de las personas económicamente activas, es la de conectar, por un lado, personas que ejecutan trabajos de manera autónoma con otras personas que requieren un servicio o producto, dinamizando de esta forma la generación de ingresos y desarrollando la oferta de servicios.

Por ejemplo, en Ecuador el 57 % de jóvenes económicamente activos prefieren trabajar en un “modelo independiente” o “freelance” y dispuestos a trabajar en un modelo de economía colaborativa.

En este sentido, plataformas digitales alrededor del mundo establecen un marco donde diferentes tipos de usuarios pueden interactuar entre ellos, con otros negocios y empresas y/o con la misma plataforma. Por ejemplo, permitiendo escoger uno o varios roles simultáneamente como compradores y vendedores, como proveedores del servicio o como clientes del mismo.

Por lo tanto, estos modelos desarrollan un ecosistema ágil, abierto y dinámico que potencia las interacciones comerciales en la sociedad.

Entendiendo el fenómeno de la economía colaborativa

La masificación de Internet y su penetración en la vida diaria de las personas ha tenido diferentes fases de evolución.

Inicialmente, Internet y las redes de comunicación digital cumplieron una primera misión de acortar distancias y generar mejores y más eficientes mecanismos de transmisión de mensajes.

En una segunda etapa, Internet permitió experimentar con la posibilidad de prestar servicios dados a través de sus redes, dando origen al “comercio electrónico” u otros tipos de servicios como enciclopedias, sitios para intercambio de opiniones, etc. 

Por último, el potenciamiento del desarrollo de los aplicativos móviles de los teléfonos inteligentes en la última década, ha producido el aparecimiento de una última etapa de desarrollo de Internet, la cual está estrictamente relacionada a generar valor entre las interacciones de los usuarios de internet, dando la posibilidad de generar diversas fuentes de ingresos a personas que formen parte de este ecosistema.

Esta tendencia se encuentra presente en prácticamente todos los países del mundo, generando un desafío para los gobiernos, ya que sus modelos de negocios normalmente suponen cambios importantes, disruptivos e innovadores que rompen los esquemas tradicionales de los negocios en una gran variedad de sectores, como el transporte, el alojamiento, la prestación de servicios profesionales, entre otros.

Si bien, los nuevos modelos disruptivos pueden acarrear desafíos, como muchos otros modelos económicos y de consumo, la economía colaborativa brinda grandes beneficios como son la democratización de la tecnología, la inclusión financiera a través de la masificación de los medios de pago virtuales, una ampliación en la oferta de bienes y servicios, simplificaciones en la transacción, y además generar mayor eficiencia para todos los agentes económicos involucrados. 

Ecuador y su propio fenómeno de economía colaborativa

Si bien la tendencia de economía colaborativa ha sido marcada por el rápido y masivo crecimiento de los principales actores, en los grandes países del mundo, cada región, ha tenido la oportunidad de desarrollar modelos o proyectos propios, dentro del  gran abanico de posibilidades que la intermediación tecnológica ayuda a generar.

El caso de Ecuador no es la excepción, ya que varios proyectos ecuatorianos han tenido la oportunidad de darse un espacio para desarrollar aplicativos y alternativas enmarcados en este modelo económico como lo son, Delivereo, Reciveci y Clipp.

Si bien, se han logrado desarrollar proyectos originales relacionados al delivery, al transporte de pasajeros, al alojamiento, entre otros, probablemente el caso más llamativo, es respecto a aquellos proyectos que han tenido un auge en los últimos años y que tienen relación con el consumo colaborativo orientado a conectar a compradores de productos en Estados Unidos y Europa y viajeros turistas o en general cualquier tipo de persona que realice viajes al exterior y que traiga (a manera del tradicional “encargo”) productos lícitos por un precio cobrado de acuerdo a un valor determinado.

En el plano local, los actores que lideran esta corriente son proyectos como: Acolita y Kargoo, su modelo implica una plataforma tecnológica o digital que intermedia entre oferta y demanda de “espacio de la maleta de viaje” y conecta con viajeros que ponen a disposición la capacidad de espacio y peso de su equipaje para traer productos comprados en línea con compradores radicados en Ecuador que quieran traer dichos productos al Ecuador, de forma rápida, y segura.

Al igual que en otros modelos de economía colaborativa, al ser una actividad disruptiva, y “over-the-top” sobre la forma tradicional de ejecutar los modelos de negocio  (en este caso la importación de bienes), esta se encuentra bajo la mira de la autoridad, que si bien tiene regulado la importación o el ingreso al país por vía aérea de artículos personales, (llamados por nuestra legislación como  Efectos Personales de Viajero) definitivamente tiene un reto a miras de lidiar con esta nueva realidad y esquema de consumo, tras la pandemia, para los ciudadanos ecuatorianos y que también ha generado una realidad inevitable como fuentes de ingreso para muchas familias en el Ecuador.

Algunos desafíos para el futuro

Una gran problemática derivada del creciente desarrollo de modelos y plataformas de economía colaborativa en Ecuador y el mundo, se generan por parte de los gobiernos centrales y autónomos de varios países, en los cuales, sobre todo por desconocimiento de estos modelos, se terminan publicando esquemas regulatorios confusos e imprecisos que obstaculizan, en muchos, los procesos de innovación y democratización digital propias de estos nuevos modelos.

En gran parte del mundo, hacen falta regulaciones adecuadas, consensuadas y aterrizadas, que permitan que este tipo de actividades se desarrollen de manera sana y potenciando su indiscutible rol protagónico en los procesos de reactivación económica del mundo, tras los efectos de la pandemia del 2020.

La tarea no es fácil, ya que en muchos de los casos, las oportunidades y retos traídos por este tipo de modelos son nuevos para todos y en ese sentido, la gran mayoría de legisladores del mundo tienen el gran reto de generar ecosistemas regulatorios que adecuen estas actividades sin dejar de lado todo su potencial innovador y transformador.

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