Autor: Ximena Araya, Country Manager de Niubox en Costa Rica
Si el desafío con la adopción de la Inteligencia Artificial es proteger nuestro razonamiento, el desafío con nuestras interfaces es proteger algo igual de valioso: la confianza.
Hoy quiero hablar de un aspecto muy puntual y transformador que incluye la nueva Ley de Gobernanza de Servicios Digitales y Comercio Electrónico en Costa Rica: la regulación de los dark patterns o patrones oscuros.
Si sos desarrollador de software, diseñador de UX/UI o liderás un producto digital, poné especial atención a esto. Más allá de la molestia inmediata que causan al usuario, los patrones oscuros erosionan el activo más valioso de la economía digital en este 2026.
La trampa de la interfaz y el fin de la manipulación
Durante años, muchas estrategias de conversión se han basado en tácticas que explotan los sesgos cognitivos de las personas. Aprovechan el cansancio visual, la prisa al hacer clic o la sobrecarga de información para generar cobros no deseados, retener datos personales sin un consentimiento real y, en última instancia, destruir la transparencia del mercado.
En la era de la hiperconectividad, competir utilizando la manipulación de la interfaz ya no es solo una pésima práctica de negocio o un dilema ético; ahora es ilegal en Costa Rica.
Con la entrada en vigencia de esta nueva ley, el diseño de la experiencia de usuario y el desarrollo de software entran bajo una estricta lupa regulatoria.
Las nuevas reglas del juego: El artículo 17
El Artículo 17 de la ley es tajante al respecto y marca parámetros que todo equipo de producto debe implementar desde la fase de prototipado. Estas son las cinco reglas de oro:
- Prohibición absoluta: Se prohíbe explícitamente el uso de patrones oscuros comerciales en el diseño de interfaces de comercio electrónico y servicios de la sociedad de la información. No hay zonas grises.
- Fin de las opciones premarcadas: Las empresas deben abstenerse de preseleccionar cualquier servicio o producto adicional. Hacerlo se considera ahora un engaño en la suscripción y una «venta atada» en perjuicio directo del consumidor.
- Obligación de claridad extrema: El comerciante está obligado a detallar de forma cristalina la identidad del remitente, el costo exacto del servicio, la frecuencia de los envíos o cargos, y cualquier elemento decisivo para la contratación. Las letras pequeñas y los flujos confusos quedan descartados.
- Libertad inequívoca: La arquitectura del sistema debe garantizar que sea el consumidor quien seleccione, libremente y de manera inequívoca, cada prestación que desee incorporar a su contrato.
- No más cobros automáticos sorpresa: Queda terminantemente prohibido implementar mecanismos automáticos de cobro de suscripción ocultos o usar flujos engañosos para
Obtener un consentimiento forzado. Todo consentimiento debe ser expreso y constar en un medio que sea verificable.
Un futuro centrado en la confianza
Tanto la adopción responsable de nuevas tecnologías (como la IA) como la erradicación de los Dark Patterns apuntan a una misma meta indispensable: construir un ecosistema digital maduro.
Como creadores, líderes y estrategas, nuestro trabajo ya no es solo implementar tecnología para ir más rápido o forzar una venta. Nuestro verdadero deber es diseñar experiencias y procesos que potencien la capacidad humana y operen desde la máxima transparencia.
La confianza no se manipula ni se automatiza; se diseña con ética.
Ha llegado el momento de auditar nuestros flujos, revisar nuestros componentes y asegurarnos de que nuestras interfaces respeten a quien está al otro lado de la pantalla. El diseño ético ya no es una sugerencia, es la ley.